Lo
mejor:
La historia, engancha de principio a
fin
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EL
VIAJE DE ARIÁN
¿De
qué trata?
Arián
es una joven de Pamplona que lucha por el
independentismo vasco desde las juventudes de Jarrai.
Enamorada de un miembro de ETA apodado "Vivaldi"
y segura de sus ideales, se irá introduciendo cada
vez más en la banda terrorista a pesar del rechazo
de su familia hacia el movimiento. Pronto tendrá la
oportunidad de demostrar su fidelidad a las ideas
por las que cree luchar y participará en el
secuestro de la hija de un empresario con el fin de
obtener dinero. Pero Arián no contaba con tener que
matarla. La vida le dará un vuelco cuando tenga una
pistola en su mano.
Sobre
la producción
Con
el precedente de películas como "Días
contados", la multipremiada película de Imanol
Uribe, o "La muerte de Mikel", se ha
rodado "El viaje de Arián", un filme que
traslada de nuevo a la pantalla un tema tabú en
nuestro país en cuanto a distribución cinematográfica
se refiere: el terrorismo en el País Vasco contado
desde la perspectiva de los que lo viven a ambos
lados del conflicto.
La película, dirigida por el catalán Eduard
Bosch, está basada en un mediometraje que el
mismo director realizó al finalizar sus estudios y
que recibió numerosos premios. El papel
protagonista es para Ingrid Rubio, que destacó
con su papel de coja argentina en "El Faro del
Sur" de Eduardo Mignogna. También
integran el reparto Abel Folk y Silvia
Munt, que interpreta a la etarra Idoia López de
Riaño. Folk, que ya había participado en el
mediometraje, hace el papel de otro de los miembros
del comando. Los dos actores coincidieron
recientemente en "Subjúdice", de Josep
Maria Forn. La película, por cuestiones de
presupuesto -aproximadamente unos doscientos
millones de pesetas-, no se rodó por completo en el
País Vasco, sino que se escogieron exteriores de
Puigcerdà y Barcelona.
Nuestra
Crítica
Ni
buenos ni malos. Ni independencia ni centralismo. Ni
polis ni cacos. Maniqueísmos demasiado fáciles y a
veces infantiles que reducen y simplifican la
realidad hasta vaciarla de significado, una realidad
que siempre es compleja, y más si se trata de temas
como el conflicto en el País Vasco. Eduard Bosch
ha sabido esquivarlos, ha sabido mirar con un
microscopio en el interior de su protagonista, Arián,
una joven de Jarrai que poco a poco va introduciéndose
en la banda armada de ETA. Enfocarla para observar
los entresijos de su alma, dejando atrás ideales o
no ideales, ideas abstractas y masivas,
informaciones de un telediario. También mira hacia
ellas, pero como contexto. Porque "El viaje de
Arián" no es un filme político, sino un drama
personal. Un drama en el que las influencias
culturales, políticas e ideológicas chocan con la
conciencia, con el alma de una joven etarra, de una
independentista, de una chica que al final es sólo,
y lo más importante, una persona.
Así, el guión consigue enganchar al espectador
para que éste recorra toda la trayectoria de Arián
sin poder despegar los ojos de la pantalla. Valiéndose
de la tensión del ambiente que rodea a la
protagonista, que nos afecta por ser hechos que
reconocemos como cercanos, que están ocurriendo
cada día y nos tocan desde las hojas de un periódico,
la televisión, o a veces los propios conocidos.
Pero también, valiéndose de la lucha interna que
Bosch nos muestra a través de Arián, y que hace
que, cuanto más avanza la película, cuanto más
dura es esa batalla, más enganchado quede a la
historia el espectador.
"¿Cómo es matar?". "Como follar.
Lo haces y ya está". Una respuesta
cuestionable que envuelve a la protagonista en un
agresivo e imparable crescendo. La tensión
aumenta al ritmo de una desesperada melodía de
Vivaldi y el filme parece adquirir vida propia. Vida
y muerte. Un conflicto que se muestra prescindiendo
de imágenes sangrientas porque en la mano Bosch
guarda otras mucho más violentas. Las de lo que no
se ve. Las que sólo muestran ojos asustados y
gritos aún jóvenes. Las que hacen que la presión
sea insoportable y brillantemente atenuada más
tarde por alguna escena trivial, la de un conductor
que pasa por la historia casi sin darse cuenta y
consigue, en las manos del director, rebajar la
tensión, dar un descanso al espectador. Un logro más
de Bosch, que sale airoso de un debut en el que,
aunque se echen de menos una técnica y una estética
más cuidadas, se agradece una historia valiente y
ajena a maniqueísmos.